Una anciana se levanta, y se mira al espejo.
- Oh, cada vez tengo mas arrugas...
Entonces, su marido la oye, y se le acerca por la espalda.
- No son arrugas querida, son historias. Mira, esta que tienes cerca de tus labios son de aquella cita en la playa, te reíste tanto... Cómo olvidarlo. Y mira, esta otra, en la frente, es de cuando te sorprendí con nuestro viaje a París, era tu sueño... ¿Recuerdas?
- No seas tonto anda, las arrugas son por la edad, los años...
- Exacto, los años que he pasado a tu lado, por ello, me encantan las mías.
La anciana sonrió, mientras un tono rosáceo rodeaba sus mejillas. En las cuales, su marido le dio un beso. Desde ese día, le encanta mirarse todas las mañanas al espejo, esperando encontrarse, nuevas arrugas...
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