Personitas leyendo mí cabeza

lunes, 17 de septiembre de 2018

No cualquier bala.

Toda la gente te va robar algo, pero yo dejé que tu me robarás el corazón y le devolvieras la alegría con una mirada. 
Gracias por dolerme, ahora vuelvo a escribir.
Qué ilusa fui al pensar que podíamos ser lo que nunca fuimos porque no hay Nada más duro que la tristeza de esperar algo aun sabiendo que nunca llegará 
Jamás he encontrado a alguien que me abrace de esa manera. 
Porque eres lo mejor y a la vez lo peor que me ha pasado en la vida,
la diferencia entre nosotros es que yo sin ti estaba rota y tú sin mí estabas entero.
Podría no haberte encontrado nunca, y qué distinta mi vida, qué distinta yo. 
Por eso dicen que no es el lugar dónde comienza todo, es con la persona con la que comienza la historia.
Aunque mi cabeza te haya olvidado, mi corazón aún sigue llorando por ti.
Me encantaba la sensación de hogar que dejan tus caricias.
Era como una vela que no se consumía nunca…
Sí, fuimos una pequeña parte de aquel “Para Siempre” que nos prometimos en cada abrazo.
Creo que no es justo quedarse tan vacío por haberlo dado todo sin guardar nada para ti..pero seamos sinceros, nos gustan los desastres porque son quienes nos cambian la vida…
Y ahora no paro de repetirme eso que me decías de "Estabas mucho más bonita cuando te ponías la sonrisa en lugar de las ojeras". 
En el calendario de mi vida, has marcado otro día para recordar, porque incluso el más duro necesita escuchar un "todo va a estar bien" y sin embargo ese “quédate” que sonó un poco más a despedida.
Me perdí en mi propio afán de encontrarme. 
Y joder, qué coraje que todos nuestros verbos sean en pasado.
Mis recuerdos son fuertes porque mi presente no te olvida y eso es jodido pero bonito a la vez…
Sí, Hace falta tener mucho corazón para no convertirnos en los monstruos que nos han destruido, así que esta vez no voy a luchar en batallas que no son mías. 
Porque después de tantas guerras no cualquier bala hace daño.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Todavía.

Todavía te pienso cuando creo que no lo hago, 
cuando me preguntan si ya te he olvidado, 
cuando veo la luna porque dijimos que estuviésemos donde estuviésemos, 
no estaríamos tan lejos si la veíamos en el cielo.

Todavía busco tu cuerpo desnudo entre las sábanas de mi cama cuando me despierto 
a media noche por culpa de las pesadillas, 
todavía busco tus ojos entre la gente deseando encontrarlos 
para pedirles que se queden.

Pero vuelvo a fallar, vuelvo a esperar un salvavidas que no caerá en el mar 
mientras yo me ahogo en mis propios pensamientos al creer que volverás, 
como un náufrago a la deriva en este puto juego de azar.

Dime qué hicimos mal, 
por qué no puede volver todo atrás, 
por qué cuanto más deseo olvidarte, 
antes vuelves a mi mente para decirme que nunca te irás.

Dime qué es lo que le hiciste a esta chica que no sabía amar, 
que ahora cualquiera no la llena ni la sabe vaciar, 
de cada recuerdo que lleva por dentro y que es imposible de sacar.

Todavía pienso en cada herida que cosiste y en cada beso a todas las cicatrices, 
los paseos bajo la lluvia en los que me daba igual mojarme 
y cada manera en la que hiciste desaparecer todas mis inseguridades.

Todavía te estoy queriendo en silencio, 
como si pudiera olvidarme tan deprisa de lo que siento, 
todavía recuerdo cada promesa que me hiciste, 
y cómo eras capaz de desnudarme, 
sin desvestirme.

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Primero.

Sí, todo pasa, pero primero te atropella.

Las cosas que se hacen cuando las personas nos deshacen.

Por el momento he intentado modificar mi aspecto de una forma extrema. Cortar, teñir, moldear mi pelo. Adaptar mis mechones impertinentes al nuevo yo de cada hora y cuarto. Adaptarme a mi mí de cada media hora. A la limpieza. Tal vez abrir agujeros. Un tatuaje que contradiga al anterior. Diez vestidos nuevos de segunda mano. Dejar de morderme las uñas. Volver a morderme las uñas. Dejar que me muerdan las uñas. Cambiar de color de labios. Cambiar de labios. Cambiar de posturas en la cama. Cambiar de humanos en la cama. Cambiar de opinión en la cama. Cambiar la cama. Cambiar la casa. Cambiar el salón y los retratos que cuelgan en las paredes de los retratos que colgaste en las paredes y las paredes; pero por el momento, sigo siendo la misma chica con el mismo pelo y la misma cara y los mismo agujeros con las mismas balas entre las mismas uñas arañando los mismos tatuajes con la misma expresión triste en la misma cama encerrada en las mismas cuatro paredes de las que tú saliste.
Irene X

Irene X

Pero solo tengo un móvil.
Dos manos.
Y ningún mensaje tuyo.

(Y miles irrelevantes del resto).

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Amor.

Quizás aceptar que esto de amar es una puta mierda, que hay despedidas que nunca se llegan a digerir, que hay amores no correspondidos que matan por dentro, que hay miles de personas que se quieren y no acaban juntas, sea la única forma de empezar a ver que lo único bueno del amor es el pequeño instante de mirar a alguien y sacar dos sonrisas.
Y eso, no nos confundamos, es vida.

Ya sé que no.

Ya sé que no, pero ¿te imaginas que sí?

Un rato.

¿Podrías venir y quererme aunque sea sólo un rato?

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Cuando.

“Cuando el amor y los amigos nos traicionan, volvemos a viejos hábitos como dormir temprano y dejar nuestros teléfonos por mucho tiempo, nos convertimos en extraños, no nos importa nadie.”

Alguien.

Necesito a alguien que se quede cuando yo no sepa cómo decirle que se quede.

Fingir

Solo finjo que me da igual.

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Golpes.

Me di un golpe muy fuerte en la rodilla y aproveché para llorar por otras cosas.

Sí.

Y si me preguntas si te extraño,
la respuesta siempre va a ser sí.

Poesía.

La poesía es eso que queda cuando no puedo correrme en tu boca.
Escandar Algeet

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Ven.

Ven y quiéreme, como nunca me han querido.
Ven y cuídame, como nunca me han cuidado.
Ven y bésame, como nunca me han besado.
Ven y repárame, como nunca me han reparado.
Ven y dame amor, como nunca me lo han dado.
Ven y ámame, como nunca me han amado.
Pero sobre todo, Ven y quédate, como nunca nadie se ha quedado.

Otra.

Otra noche más buscando el lado frío de la cama porque en el caliente no estás.

Yo.

Yo tan Nietzsche y tú tan Platón.
Yo tan marihuana y tú tan cocaína.
Yo tan tempestad y tú tan calma.
Yo tan viernes en las sabanas y tú tan discotecas.
Yo tan sola y tú tan acompañado.
Yo tan atada a los recuerdos y tú tan olvidadizo.

Tú tan droga y yo tan adicta.
Tú tan baile y yo tan melancolía.
Tú tan dulce y yo tan amarga.
Tú tan lejos y yo odiando las distancias.

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Con las ganas.

Me he quedado toda la vida con las ganas, y ahora no sé qué hacer con ellas. Me quedé con las ganas de saber si besabas tan bien como quitabas el sueño. Si tu boca sabía a final de la guerra. Me quedé con las ganas de quitarte la ropa y vestirte el cuerpo con las manos. Y nunca supe si el invierno no es tan hijo de puta, contigo al lado. Pero sobre todo, me quedé con ganas de que me tuvieses ganas. De que despertases con miedo a no despertar conmigo. Me quedé con ganas de comprobar si el amor no siempre se muere. Si hay vida, después de decir “te quiero”.

Distancia.

La distancia más larga se mide en miedos.

Por si acaso.

Hoy me he sorprendido mirando tu whatsapp. Estabas en línea y me ha parecido tan triste que no fuera para hablar conmigo… que he tenido hasta ganas de escribirte una parrafada, diciéndote todo lo que pasa, y contarte por ejemplo que a mi ciudad ha vuelto el calor y me agobio muchísimo, por las noches no puedo dormir casi, y añoro cuando te quedabas despierto hasta las tantas y yo te regañaba porque al día siguiente madrugabas. Aun así te quedabas… Y yo no te lo decía pero me hacía muy feliz que no durmieras por mí. ¿Sabes? Todos los días escucho las dos últimas canciones que me pasaste, tenías razón cuando dijiste que iban a gustarme, aunque las oigo sobre todo porque me recuerdan a cuando todo era como antes. 
Lo que me da más pena es que he empezado a leer el libro aquel que decías que era genial y que yo criticaba… y tienes que saber que no me gustaron nada las 500 primeras páginas, pero que a partir de ahí estoy muy enganchada. Me encantaría tanto poder debatir contigo sobre libros, series, música y esas cosas, creo que es lo que más echo de menos. Discutir. 
Era tan bonito que no coincidiéramos en casi nada, que siempre nos lleváramos la contraria. 
Con los demás no puedo hablar de casi nada. Y todos tienen un defecto terrible que no soporto, y es que ninguno eres tú. Y lo que me jode es que podría hablar con quien quisiera, menos con el que quiero, porque el orgullo no me deja y porque sé que no te sentirías como yo al ver un mensaje. Por eso no verás ni un whatsapp mío. Sé que no vas a leer esto… porque no ves mí blog, quizá por eso lo escribo aquí, para que no lo veas, o quizá por si acaso lo haces.

lunes, 3 de septiembre de 2018

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Te quise tanto que ni me acuerdo de cómo lo hice, sólo sé que llegó la hora de crear puentes y no barreras, di el portazo definitivo a mi pasado y me aventuré a eso de enamorarme de ti, y todo para que, sin motivo y sin razón, huyeras mientras soñaba contigo.
Pusimos de moda eso de dormir acurrucados y ahora la distancia y los ‘peros’ nos separan más que nunca.
Quizás el tiempo me hará olvidarte pero no puedo evitar sangrar por dentro y vomitar todo lo que me prometiste y que se quedó en tus pupilas. Prometo no recordarte más de lo que merezca ni menos de lo que necesite para seguir queriéndote toda la vida.
Por que sí, algo me dice que no te vas a ir de mi pecho fácilmente, algo me dice que me has marcado para siempre…y mira que es complicado eso de enamorar a alguien pero tú pareces haberlo hecho bien.
Ahora estás lejos, ojalá volver a tropezar contigo por el camino aunque vuelva a doler. Soy una masoca desesperada que grita en silencio tu regreso, que quiere superarte y a la vez sentirte mío por siete vidas más.
El invierno llegará sin avisar, después la primavera, el verano, vuelta a empezar…y sé que seguirás bailando por mi cabeza aunque los años pasen. Es lo que tiene haberte vuelto parte de mí.
Tengo asumido que el tiempo no me hará olvidarte aunque lo haya prometido. Al revés, te recordaré toda la vida, porque quiero, porque hay personas que jamás merecen ser olvidadas…hay personas que son para siempre aunque no lo sepan…personas como tú…
Gracias por haberme hecho feliz, te quiero, siempre. Adiós.

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Perdón por el desorden, estoy tratando de volver a ser yo.

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Hay cosas que no puedes fingir.
Como la sensación que tienes al ver a alguien que amas irse sin decir adiós. 
- R.M Drake.

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Y hay historias
que no importa cuán breves hayan sido.
Las recuerdas con mayor intensidad
que esas que duraron una eternidad.

22


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Es bonito esto de no ocultarte nada, de no tener que lanzarte indirectas porque contigo puedo ser yo misma y no tener miedo de que corras a otra parte. Soltarte un “te quiero follar entre las olas”, y que te rías y digas que no te arriesgarías a que me llevará la corriente, y nos imagino en una playa que nunca he visto, y en mi mente estás guapísimo.
Y me gusta este dejar de hablar con todos cuando me hablas, que seas el primero al que respondo aunque lo haga inconscientemente, y sólo porque siempre tengo ganas de leerte más, de no parar de beberme tus palabras. 
Que te besaría hasta el acento, y que te buscaré hasta llegar a tu cuerpo. 
Es que eres bien bonito, y quiero pensar que un poco mío. 
Que eres un sueño imposible y al que pido en todos mis deseos. Que cuando estás enfermo sólo se me ocurre ir hacia tu rincón del mundo para cuidarte a base de mimos, y me causa frustración no hacerlo, no saber qué hacer para ponerte bueno.
Que mi mayor miedo es que te vayas otra vez, porque no sé si esta vez soportaré que no estés.

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Imagina que pierdes las gafas en mitad de una multitud
que ves a todo el mundo cantar una canción que tú no conoces
que se te borran todos los mensajes poco a poco, y al azar
que te dejan en mitad de Madrid y le cambian el sentido a todas las lineas de metro
que tus canciones favoritas empiezan a sonarte desconocidas
que te leen tus poemas, y no entiendes de quién hablan
que te sueltan en mitad de otra vida con los ojos vendados y un mapa de mentiras
que tus amigos, de repente, no saben ni oírte ni entenderte
que un día despiertas, y se te han desordenado todas las fotos
que miras al espejo, y no reconoces lo que ves.

Así me siento yo,
desde que tú no me miras.

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Cómo le dices quédate a alguien que no está. 
Ezequiel Zabala

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¿Es usted feliz? responda sin llorar.

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Llega un momento en el que tus demonios te piden un infierno más grande.

jueves, 30 de agosto de 2018

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Aunque parezca mentira tengo la necesidad de comerte a distancia, contarte mi día en verso y verte reír con nuestra historia a cuestas.

¿Sabes una cosa? Ya no me gusta el otoño porque hasta las hojas llevan tatuado tu apellido, porque todo me recuerda a ti y esa es la peor tortura que ha sufrido mi cuerpo hasta ahora.

El día que te fuiste hiberné en la guarida del lobo, vi tu partida desde la ventana y morir a las margaritas.

Me dejaste apagada, tú, que apostaste por mí aún sabiendo que la partida estaba perdida.

Aunque parezca mentira, tengo la obligación de extrañarte mientras me rompo, sentir como sangras por dentro y despojarme de este cuento que ya no existe.

El día que te fuiste prometí no llorar, pero me siento en mitad de un mar salvaje, como quien jura cuidarse y acaba en destrozo.

Y aquí estoy, jugándome la vida entre los restos devastados de lo que fuimos.

Sintiendo cómo me atraviesa la esperanza rota de creer que volverás.

Ahora somos oscuridad, tú, que arriesgabas por mí, aún sabiendo que algún día dejaríamos de brillar.

Me has hecho una herida de esas que no tienen fin, de las que llegan al hueso y allí se quedan dormidas. Entiéndeme, estoy mojada de más, venida a menos y tengo media vida guardada en tu diario.

El día que te marchaste a escondidas, tus huellas te delataron de madrugada, se amarraron a mis venas y las vi nada más despertar. Ya no estabas, ni tampoco tus miedos, los mismos que te habían hecho huir con la culpa a la espalda y los recuerdos marchitos.

Estoy segura de que serás la más bonita de mis cicatrices. La más honda de mis tristezas, la confianza rota de un corte incurable, mi “para siempre” destrozado por tu “nunca más”.

El día que te fuiste, rompiste todos los mañanas que imaginamos juntos. Rompiste todas las promesas que acunábamos en los ojos y escribirte es la única manera que tengo de seguir acariciando tu recuerdo.

Ya no estás, ni tampoco tu aliento, ni el valor de arrastrarme hasta lo que éramos cuando me querías. Te has llevado lo que somos y lo has convertido en lo que fuimos.

 Desde el día que te marchaste, muero en vida y vivo apagada, tú, que apostaste por mí aún sabiendo que perderíamos. Tú, que arriesgabas por mí, aún sabiendo que algún día dejaríamos de existir.

Y entonces el reloj dio las 12 en punto.No había carozas ni zapatos de cristal. Ahi estaba yo, quieta, deseando que en cualquier momento todo cambiase.

 He dejado abiertas las ventanas por si te asomas a escondidas o me echas de menos. Pero qué tonta, te fuiste y no hago más que hablarle a tu recuerdo, la cena se nos ha alargado y ya no hay domingos de siestas en tu espalda.

Sí, luchaste hasta decir

“te quiero y me marcho”

y fue cuando ganaste

…porque es así

como mueren los héroes

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No quiero ser pesimista, pero estoy acostumbrada a siempre pensar lo peor para que el golpe duela un poco menos, aunque por lo regular siempre duele más de lo que he llegado a pensar.

X

No siendo suficiente con el dolor que provoca desintegrarse, va una a tener que dar explicaciones por desaparecer.

miércoles, 29 de agosto de 2018

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Te voy a hablar de muchas cosas. 
Te voy a hablar de príncipes rojos y de reinas sin trono. 
Te voy a hablar de las grietas que ya no se pueden llenar.
Te voy a hablar de los rotos que nadie ha sabido coser. 
Te voy a hablar de las sonrisas sin dientes (y sin ganas).
Te voy a hablar de dormir 16 horas seguidas.
Te voy a hablar de los motivos del insomnio. 
Te voy a hablar de lo que puede ocultar un reloj de muñeca.
Te voy a hablar de lo dura que es la porcelana y de lo fácil que se rompe. 
Te voy a hablar de que el alcohol es veneno. 
Te voy a hablar de que hay cosas dentro de mí que deben morir.
Te voy a hablar de los 80 kg de vacío sobre mis tobillos.
Te voy a hablar de que a veces pesa más una mano cuando no tienes a otra a la que agarrar.
Te voy a hablar de lo que busco al otro lado de la cama a las 5 de la mañana.
Te voy a hablar de los 32 besos que pueden caber en una espalda.
Te voy a hablar de las 784 fotos a las que llamo recuerdos.
Te voy a hablar de cómo te puedes enamorar de un anti-héroe. 
Te voy a hablar del día 22 y del parque. 
Te voy a hablar del apego que le puedes coger a un post-it. 
Te voy a hablar de las 174’7 razones que tengo para hablar.
Te voy a hablar de muchas cosas. 
Pero 
nunca te voy a hablar de lo que duele 
porque ni siquiera sabría por dónde empezar. 

domingo, 5 de agosto de 2018

Caricias.

Y he llegado a la conclusión de que si las cicatrices enseñan; las caricias, también.

Antisocial.

Soy una mujer extremadamente antisocial, prefiero tener la atención de un solo hombre brillante, que la de una horda de imbéciles.

No te vayas.

Y él lo entiende. Entiende por qué las personas se toman las manos. Siempre pensó que era por posesividad, como diciendo” esto es mío”. Pero es sobre mantener contacto. Es como hablar sin palabras. Es sobre “te quiero conmigo y no te vayas”. 
Jace, Ciudad de Hueso.

Así.

Me gustas así, 
fiel devoto del suelo que pisan mis tacones; 
así, compitiendo con el aire para ser el único que entra en mis pulmones; 
así, entregado por completo cuando mi placer es lo que está en juego; 
así, aprendiz de payaso obstinado en ser el dueño y señor de todas mis carcajadas; 
así, cediéndome tu hombro cuando todo a mi alrededor se convierte en una mierda; 
así, medio hombre pervertido, medio niño inocente; 
así; haciendo que tu existencia incline sutilmente la balanza entre ser o estar.
Así de cerca, así de mortal e inmoral.
No cambies. No te rindas nunca porque… 
Me gustas así.

Manifestarme

Cualquier día de estos salgo a la calle a manifestarme. 
Me declararé total inadaptada social, pésima olvidadora y romántica empedernida que se retroalimenta de recuerdos inventados.

Imagina.

Imagina redefinir el orgasmo 
y suplicar que no paren 
hasta que te rías.

Preciosa.

Estás preciosa.
Quería decírtelo, como una planta de
marihuana creciendo en un balcón,
como una mamada en el baño de un bar,
como el rock and roll cuando se pone
un poco idiota.
Escandar Algeet

.


Por muchas más razones.

Es que no la conocéis, aunque la veáis pasar enamorando aceras
con ese moño de fotógrafa italiana que talla cada luz en su retina
y te la devuelve mejorada.
Es que no podéis saber cuántos brindis le caben en el cuerpo 
ni ella sabe cuántas lagrimas le quedan, y por eso las regala.
Os conformáis con atisbar de reojo la amenaza par de sus pezones
o medir el largo interminable de sus piernas,
cuando lo que importa son sus pasos y hacia donde la llevan.
Es que no tenéis ni puta idea del poder que se siente
cuando me abraza dormida y se sabe en casa,
de la angustia acristalada cuando se queda pero se marcha,
de la caliente felicidad con que regresa, a derretir escarchas.
Es que cuando la maquina del mundo se detiene
y todo me sabe a error por repetir,
ella funciona.
Cuando me caigo en la trinchera que llevo años cavando,
ella sonríe y me levanta.
Cuando teme que el futuro pueda quedarle grande,
me llama y le hacemos un corte de mangas
y un tajo que va del ayer a su cadera,
que es donde empieza y termina la mañana.
Y aunque la hayáis tenido, espléndida y desnuda,
con ese galopar de felino desbocado,
si no os cambió la vida su manera de entregarse,
es que mirabais hacia el lado equivocado.
Es que no la conocéis. 
Es que no quiere hacerle daño a nadie
aunque la simplifiquen o lastimen.
Es que parece tan frágil y está hecha de acero inolvidable.
Se cree tímida, pero no sabe ni quiere estarse quieta.
Es que teme ser libre, pero no admite ataduras.
Salvo algunas noches,
cuando su espalda vuelve a ser montura 
y me ofrece el animal mas bello del planeta.
Es que no podéis saber.
Es que no tenéis ni puta idea.
Como decía mi amigo Escandar Algeet,
hablando de otra musa,
entiendo que perdáis el culo por su culo,
o por su manera de ser como ella es, 
sin condiciones.
Entiendo que queráis quererla.
Pero yo la quiero
por muchas más razones.

Escribir.

No escribo para que me ames, escribo para que te enteres de que te amo.

Antes.

Y antes de conocerte pensé: joder, qué ojos tan bonitos… ojalá que algún día me quieran ver.

Aún más.

Cuando ríe, la deseo todavía más.

Perder.

Quien no demuestra lo que siente, pierde lo que quiere.

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Lo sé.

Sé que soy mucho más guapa cuando no me siento fea.

Siempre.

No todos los días me dejo querer, pero si me dejo querer, quiéreme mucho.

A mí.

A mí me gusta el beso improvisado, el abrazo espontáneo. El quédate para siempre.

Ud.

Mientras usted sea usted. Yo seré suya.

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Deseos

El genio les ofreció tres deseos. 
Él y ella se miraron. 
Les sobraron dos.

Cía.

No sé qué te han hecho en un pasado.
No sé si te han prometido el universo, la Luna o el maldito planeta Tierra.
No sé si te han soltado cuando alzabas el vuelo o si directamente te han cortado las alas.
No sé si te han abierto en canal para sacarte cada trocito, pedazo a pedazo.
No sé tampoco si te han hecho enamorarte para después dolerte o si te han jurado amor eterno.
No sé si te han tocado heridas que creías tener cerradas o si las cicatrices todavía duelen si las tocas.
No sé si hay algo en ti que todavía quema, o si tus cenizas pueden hacer resurgir al Ave Fénix de la desconfianza en los demás.
No sé si te has cortado pasando páginas o si el libro se te ha caído de pleno en el pecho inundándote las costillas.
No sé si soy la mujer de tu vida, de tu mes o de tu semana.
No, no lo sé.
Lo que sí sé es que no quiero romperte. Más de lo que ya lo han hecho. Ni nada.
Quiero ser cada punto de sutura que necesites o creas necesitar.
Quiero ser tu jaula. Pero de esas a las que vuelves cuando estás cansado y sólo quieres descansar.
Abierta siempre. Y que nunca cierre.
Quiero ser llama y pirotecnia y que tú disfrutes en cada fuego artificial.
Quiero que veas en mí un salvavidas, pero sabiendo que tú sabes nadar.
Quiero ser la madera que tocas porque te da buena suerte y ese amor de verano que aparece al azar 
pero se queda para siempre.
Quiero ser cura y destello, búsqueda y mapa, quiero que hagas que me quede y que me encuentres cuando tú te pierdas.
Quiero ser esas ganas de levantarse por las mañanas con la sonrisa puesta y tus buenas noches cada día entre las sábanas.
Quiero una, dos y tres oportunidades contigo porque no me cansaría de dártelas.
Quiero ser el motivo por el que te duermes y por el que sueñas.
Que se nos queden cortos los viajes lúcidos porque nos hemos hecho dueños de nuestro subconsciente.
Quiero confianza, amor a ciegas, un “cógeme, que me tiro”, yo de espaldas y tú a la espera de que me deje caer hacia atrás.
Y me cojas. Y yo sonría. Y, joder, qué paz.
No quiero ser una persona más en una estación de tren. Quiero ser destino y que nos perdamos en cada vagón.
No me gustan las modas porque pasan, y yo quiero ser eterna.
Al menos, contigo.
Que la inmortalidad suena mejor si lleva tu nombre.
Sobre todo, si de tu boca sale el mío.

Quédate.

No ibas a quedarte, y eso lo sabíamos ambos.
Me arriesgué, metí la mano en el fuego prometiéndome que serías diferente, que no me quemaría; pero me hice cenizas.
Desde entonces el fuego es otra manera de helar. 
Desde entonces mis manos han perdido su forma por no tener tus dedos entrelazados en ellas. Desde entonces las notas del piano suenan desafinadas porque se me ha olvidado incluso tocar.
El café iba a quedarse frío, los cigarros consumidos en el alféizar de mi ventana y las ojeras moradas por el insomnio.
Demasiadas promesas que ardían por el deseo de ser cumplidas y que se quedaron en nada.
Ibas a largarte pero tus recuerdos iban a permanecer; quién sabe por cuánto tiempo más.
Las mañanas se resumen en la misma rutina de mierda de siempre:
Pongo el pie derecho nada más levantarme de la cama —pensando así que el día comenzará bien, pero me equivoco— y vuelvo a pisármelo con mis torpezas y heridas.
A continuación, al llegar a la cocina, caliento de nuevo el café, pero desde que tú no estás me sabe más agrio que nunca y es entonces cuando acaba desapareciendo por el fregadero.
Antes de vestirme, me observo durante unos minutos en el espejo, pero sigo viendo mis tristezas.
«Y qué más da, el maquillaje las cubre», me digo. Me visto con mi mejor sonrisa y salgo a la calle.
Todo me viene a la mente desde que no estás, el banco del parque parece incluso más triste y las palomas ni siquiera aparecen en busca de una mínima migaja de pan. Cada vez que tu perfume aparece de nuevo por mi lado, acostumbro a girarme, pero, ¡joder!, sigues sin estar.
Veo cómo incluso los maniquíes se ríen de lo triste que ando por la vida. 
Cuando llego a casa —cansada de otro día—, me desnudo, incluyendo mi alma y vuelvo a llover. Lluevo con nuestras canciones de fondo, nuestras fotos en las manos y la sonrisa rota.
Desde entonces, las fotos me salen en blanco y negro y escribirte en silencio es lo único que me alivia.
Hice de mi rutina una monotonía, un desastre.
Y qué desastre tan bonito.
Supongo que los recuerdos ya han cicatrizado en las heridas, pero, si te soy sincera:
Todavía sigo sintiendo si las rozo.
-Cía

domingo, 22 de julio de 2018

Cía

Somos unos cobardes, y quien diga lo contrario miente.

Preferimos cruzar en rojo y sin mirar, que arriesgarnos con alguien que nos gusta.

¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos? ¿Que éramos los que le temían al amor por una grieta que nos hicieron? 
¿Que preferíamos despedirnos del amor de nuestra vida, antes que luchar por mantenerlo ahí?

Somos la generación que deja en visto para parecer más difícil y que hace que la busques, porque si no, “no le interesas”.

Somos el polvo de un viernes por la noche y el “no te vuelvo a hablar” del sábado por la mañana, porque “ya me he acostado contigo”.

Que nos fijamos antes en un puto físico que en una mente, y así nos va.

De boca contra el suelo en lugar de con otras.

Somos unos cobardes porque nos da miedo sentir. Por si después duele. 
Pero joder, ¿y si no?

Somos de decir “Lo que surja” pero no hacemos que funcione.
Somos de buscar excusas antes que días para vernos.
Somos de echar de menos los domingos pero no decirlo porque nuestro orgullo es más grande.

Somos de ir de cama en cama, porque el hecho de levantarnos todos los días en la misma nos da un pánico que te cagas.

Somos la generación que no se atreve a creer en el amor
pero por la noche, quiere a alguien abrazándole el corazón.

Pero que no apriete muy fuerte,
que eso de las ataduras no es lo nuestro,
no vaya a ser que alguien nos quiera mantener en su vida para siempre
y nosotros 
solo queramos pasar el rato.